Cuando menos lo esperas





He quedado con unas amigas para tomar unas copas. Entre el trabajo, nuestras vidas personales y el estudio casi no tenemos tiempo para nada más. Siempre que nos vemos, normalmente en la universidad decimos lo mismo: “Hoy quedamos y nos divertimos un rato”, pero nunca sucede, la vida, las responsabilidades, se interponen en nuestro camino.
Ensimismada observo a mi alrededor. He llegado un poco temprano, como no hacerlo, no soy como Claudia o Elizabeth que se cambian 20 veces antes de decidirse por un conjunto, o incluso el maquillaje, no es que yo sea menos presuntuosa, simplemente más rápida. Además del hecho que no debo pedir permiso a nadie, no como mis amigas que necesitan comentarle a sus parejas sus planes de salida.
Mientras espero, presto atención a las demás personas, me entretengo viéndolos moverse e incluso conversar con otros. Entonces me percato de un hombre sentado en una mesa frente a la mía, también solo, sin darme cuenta lo miro insistentemente, es atractivo, de cabello castaños claros, ojos verdes profundos, mentón cuadrado, labios perfectos, un espécimen masculino increíble. Puede que mi mirada fuera demasiado intensa porque un segundo después su mirada encontró la mía, vaya, que ojos, tengo una debilidad por los ojos de ese color, y ahora por los suyos, soy una fan, aunque no tenga idea de quién es, su nombre, si a quién espera es su novia, no me importa, simplemente se trata de una ilusión, no tengo la mejor suerte con los hombres, así que solo me queda soñar.
Imagina mi sorpresa cuando me sonrío, se levanto de su asiento, se acerco y educadamente me pregunto si podía sentarse a mi lado.
Yo boquiabierta conteste que sí, obvio.
Mis amigas llegaron media hora después y digamos que la salida queda aplazada indefinidamente.


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