Primera impresión








Susana viene a las 10:00. Estoy de los nervios. Tanto que llevó la ropa a medias, incluso al revés. No encuentro la pareja de mi calcetín rojo. Si mis pantalones no estuvieran unidos, también habría perdido una parte. La camisa me la he cambiado más de 20 veces. Parece que tengo un pájaro anidando en mi cabeza. Esto es increíble, parezco una chica, y no del tipo cool.
Y para qué hablar de mi casa, es como si un huracán se hubiese colado por la ventana y acabó con todo a su paso. ¿Por qué no puedo ser un hombre organizado? Ni siquiera sé que hacer ahora. Me he pasado una hora buscando el calcetín rojo, no me he dado cuenta que el reloj marca las 10 en punto, estoy nervioso, he perdido mucho tiempo y ahora pareceré un vagabundo a los ojos de Susana.
Comienzo a desesperarme, será lo que Dios quiera. Solo espero que a mi cita no le importe como luzco, ni el desorden general en casa, que le guste mi personalidad, que le encante mi carisma y sonría con mis bromas.
No tengo ni idea de cómo me convencieron para aceptar ir a una cita a ciegas. Lo tenía vetado, no me gusta no tener opción en cuanto a mis citas, no es que tenga el mejor gusto, ni la mejor de las suertes, pero igual, nunca me agrado. Ahora que llevó un tiempo solo mis amigos me dieron ideas y aquí estoy, muriéndome por dentro gracias a la locura que estoy a punto de cometer.
Suena el timbre, con pasos lentos me acercó a la puerta, con miedo de abrirla, como esperando que se me venga encima. Tomó una bocanada de aire y abro. Una linda chica me sonríe, de cabellos rojos. Con un bonito vestido estampado blanco y negro. Y unos hermosos ojos verdes detrás de unos lentes un tanto graciosos, de color púrpura brillantes, más bien, un tono chillón y redondos, parece una dulce bibliotecaria. Por loco que parezca todo su conjunto la hace incluso más hermosa ante mis ojos. Además, tiene una sonrisa perfecta. No sé por qué pero ya no tengo miedo, estoy seguro que todo irá muy bien.


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