Desagradable broma

















Todos los años pasa lo mismo. Mis abuelos discuten en cada reunión familiar. Quién fue el primero en declararse. Este año pensé que tal vez, solo tal vez olvidarían el tema. Era la última cena familiar. Mañana todos regresaríamos a casa. Pero mi querido hermano mayor, Charlie, creyó que sería una pena marcharnos sin escuchar por 50 vez la historia. Mientra mis abuelos cuentan su versión, por debajo de la mesa le doy un puntapie al gracioso de mi hermano logrando quitar la estúpida sonrisa de su rostro. Haciendo reír a los demás que me felicitan por mi proeza.
No puedo creer que mis padres estén de nuevo con lo mismo. Después de tantos años uno pensaría que todo está olvidado. Por desgracia, ambos tienen muy buena memoria, aunque nunca se pongan de acuerdo al contar la historia. En cuanto mi hijo saco el tema me dieron ganas de jalarle las orejas por simpático. Sabía que ese niño siempre traería problemas, incluso cuando aun estaba en mi barriga. Nadie presta atención a mis padres. Todos estamos más interesados en vengarnos de Charlie. Finalmente Rosie lo hace. Me alegro mucho cuando mi hija hace lo que debe. No logro suprimir la risa cuando mi hijo colorado reprime un grito.
Este año me he comportado bien, ninguna broma, nada vergonzoso, ninguna novia loca que traer a conocer a mi familia.
Mañana regreso a San Francisco y sé que algo se me está olvidando. ¡Oh, sí!
— Abuelo, el año pasado me quedé con las dudas. Por fin, ¿cuál de los dos fue el primero en decir “Te amo”?
Tuve que aguantar las ganas de reír al ver las caras de mis hermanos, mis padres, incluso mis sobrinitos, todos saben de memoria la historia. Incluso yo, pero no pude resistirme, sé cuanto odian la disputa, más que la historia, sobre lo ocurrido, yo dudo que mis abuelos recuerden realmente que sucedió.
Entre la discusión de mis abuelos, admiro las miradas asesinas de mi sufrida familia. Dolor, angustía, ira, venganza, odio, todas estas últimas dirigidas directamente hacia mí. Lo sé, está mal jugar con el dolor ajeno, pero vamos, que ver sus rostros es un gran premio. 
Lo pensé todo bien, me senté en el lugar más apartado de la mesa. Conozco el temperamento que tienen mis parientes. Es mejor prevenir. Sin embargo, no conté con la determinación de mi hermanita. Antes de darme cuenta Rosie está a mi lado y siento un profundo dolor en la pantorrilla, antes de decir muchas imprecaciones escuchó las risas de mi familia.




 


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