Millonario sin corazón






Noticia impactante conmueve a la comunidad empresarial. Hoy a las 10:00 pm como resultado de un accidente de avión murieron los presidentes de la Empresa Publicitaria Enrol, atribuyéndolo a fallas técnicas, aún se investigan las causas de la desgracia que se llevó la vida de los pilotos, una azafata y dos personalidades de la publicidad.
A las 10:30 pm todo el país conocía la desgracia que ponía en riesgo el futuro de la Empresa Enrol además del futuro del hijo de los Swan, quedando desamparado a la tierna edad de 7 años. Fue un golpe duro para el pequeño que adoraba y admiraba a sus padres.
Fue una lucha constante en los juzgados para lograr que Marcos no tuviera un tutor legal, fue su deseo, no quería a nadie a su alrededor, una gran cantidad de dinero ayudó a la causa del niño multimillonario. No estaba completamente solo, tenía a su tío, el mejor amigo de sus padres y quien dirigió la empresa después de la tragedia. No son parientes de sangre, sin embargo es lo más cercano que tiene a una familia, la única persona lo suficientemente cercana al niño. Tan pequeño aprendió que cuando pierdes a alguien que amas ya no regresará por mucho que lo pidas y desees, y el dolor que deja puede llegar a ser insoportable, debía superarlo, mejor dicho, enterró su dolor, lo escondió en lo más profundo.
A los 7 años era la persona joven más rica del país y a esa edad decidió dirigir la empresa que le habían legado sus padres. Digamos que la noticia impacto a los accionistas y clientes de Enrol, sin embargo no pudieron contra el infante que tenía la testarudez de su padre y la determinación de su madre. La persona responsable de calmar las aguas fue Al Randar, la mano derecha del presidente, quien confiaba plenamente en Marcos y prometió que estaría allí en todo momento para ayudarlo e instruirlo como es debido para llevar adelante la Empresa. Marcos tuvo la mejor educación, los mejores tutores, nada pudo alejarlo de Enrol, era su hogar, lo único que le quedaba de sus padres.
Al lo convenció de ir a la universidad, él lo postergo todo lo que pudo, finalmente tuvo que ceder, fue a Oxford, -la misma universidad a la que asistieron sus padres, el lugar donde se conocieron-, se licenció en Gerencia Empresarial. En Londres conoció muchas personas, sabía diferenciar a los interesados, podía leer muy bien a las personas. Se le daba bien distinguir a los mentirosos, todo gracias a su forma de expresarse, siempre diciendo lo que pensaba. Gano muchos enemigos por decir la verdad. Sus padres le dijeron que siempre fuera honesto con los demás y por encima de todo consigo mismo y así lo hacía.
Tuvo un verdadero amigo, alguien muy parecido a él, menos en la cuestión social, Alex Brendan era un mujeriego empedernido, un millonario extravagante. Fue la persona que lo ayudo a relacionarse, digamos que tratar con las personas no es su mejor facultad. Alex estudió medicina, su familia quería que fuese abogado, él decía que eran desgraciados chupasangres, era su gran habilidad, los conocía aún de espaldas. Se crió entre ellos, sus hermanos y hermanas, sus padres, abuelos, todos son abogados. La razón principal por la cual estudió medicina, para ir contra los requerimientos de su familia. Sin importar cuán loco estuviera fue un excelente amigo, y lo sigue siendo, manteniendo el contacto a través de los años, salen juntos, se divierten, es la única persona que lo conoce completamente.
Alex logró convencerlo para tomarse algunos meses luego de graduarse antes de regresar a la vida real, increíblemente Marcos pensó que sería una buena idea. Por primera vez actuaba de acuerdo con su edad, un joven disfrutando de los placeres de la existencia de un multimillonario. Luego de varios meses deleitándose con la dulce vida se despidió de su compañero y regreso a su hogar.
Es como si nunca se hubiese marchado, excepto por un detalle, un precioso detalle. En la reunión de bienvenida no pudo apartar la vista de ella. De cabellos rojos, de ojos verdes esmeraldas, esbelta figura, muy bonitas curvas, no muy llamativa, más bien delicada, tímida, su tipo de chica, como diría Alex: “Esas te van mejor a ti, yo las prefiero salvajes, si sabes a lo que me refiero.
Y siempre lo sabía. Con estos pensamientos transcurrió toda la reunión, nunca antes había estado tan distraído durante una conferencia de trabajo y aquella joven es la culpable de todo.
— Dejando a un lado la alegría por el regreso de Marcos — su nombre lo regresó a la habitación viendo a su tío sonriéndole — dentro de tres semanas tenemos que preparar la publicidad del hotel Antori, es un cliente importante y necesitamos al mejor, felicidades Marcos, acabas de ganarte un viaje estresante y difícil a la isla Giglio — entre aplausos fue saludado por todos sus colegas.
Mientras se retiraban de la sala una mano en su hombro lo detuvo.
— ¿Estás bien? Te noto distraído.
Intentando mostrarse tranquilo le sonrió en respuesta a su tío.
— Estoy bien. Gracias por darme trabajo, es justo lo que necesito en estos momentos, creo que si no empiezo podría oxidarme.
— Imposible, sabes que eres uno de nuestros mejores publicistas, a no ser que los meses de fiesta, — dijo intentando sin ningún éxito unos pasos de baile sonriendo al ver el rostro de Marcos — te hayan cansado.
— No lo suficiente para no trabajar con…
— Disculpe, señor Randar — voltearon ambos a la vez. Marcos quedó maravillado con lo increíblemente hermosa que era la desconocida, de cerca es incluso más impresionante, nunca se había sentido tan atraído por una mujer como por aquella mujer. — Me preguntaba si podría participar en esta cuenta, llevo varios meses esperando una oportunidad. Deseo con ansias trabajar con los mejores y aprender de ellos. Usted prometió darme una oportunidad, quisiera que lo considerara.
— Lo hago, sólo que no me has dado la ocasión de comentárselo a mi sobrino, sólo lleva aquí 30 minutos, no tengas apuro. Ya que estamos, ¿qué crees Marcos? ¿Necesitas ayuda con esta cuenta? Lindsey conoce todos los detalles sobre el cliente y como tú acabas de llegar tal vez su información te sirva de ayuda. — Marcos estaba seguro de que no tendría escapatoria, su tío tenía la mirada. No solicitaba su opinión ni siquiera su negativa, solo lo comentaba, ya había decidido por él, odiaba cuando lo hacía, sabe muy bien que no se le da bien el trabajo en equipo.
— Si lo consideras necesario. Puede que me sean útiles sus conocimientos, sabes que trabajo mejor solo, más personas podrían ser distracción, pero como me lo pides amablemente, acepto.
Al sonrió, sabía que no se retiraría sin luchar, se compadece de Linds, es una excelente chica, no tiene ni idea en lo que se está metiendo. Tal vez entre los dos puedan salvarse, ambos se necesitan aunque aún no lo sepan. Al gozaba haciendo de Cupido, sin importar que ellos no tuvieran una imagen de lo que sucedería.
¡Dios, que personaje tan desagradable! Su primera impresión había sido que era un caballero, un hombre gentil, amable, sus ojos decían otra cosa, su rostro es hermoso. El hombre más apuesto que ha visto en su vida, y conocía algunos. Casi nunca se equivoca con la gente, pero con él lo hizo y en grande. Solo es otro niño rico que pretende que lo alaben. Conoce su historia, un triste pasado, entiende su frialdad, se trata de un mecanismo de defensa.
Oye, no lo defiendas” le dijo una voz en su cabeza. “No puedo evitarlo, siento debilidad por una cara bonita.” Y la suya es hermosa. De ojos azules oscuros que reflejan una tempestad interior, tupidas cejas, de largas pestañas, nariz puntiaguda, mentón cuadrado dándole un aspecto serio a su rostro. De cabello negro azabache y tez trigueña. Todo un ejemplar.
— Gracias, no se arrepentirá — dijo con muchas ganas de golpear su atractivo rostro.
— Espero que no, por el bien de todos, en especial el suyo — dio nuevamente la vuelta marchándose a su oficina. Mientras más lejos estuviera de ella mejor, en su presencia siente cosas que no desea sentir, se niega a hacerlo.
No puede creer su actitud, es increíble como logra ser tan pedante.
— Discúlpalo, no paso la clase de tacto y habilidad social. No mide las consecuencias de sus palabras. A veces es un asco decir siempre la verdad aunque es mejor así, al menos sabes lo que piensa realmente de ti.
— Lo sé, no lo culpo, es muy valiente de su parte, sin embargo dudo que él se dé cuenta de lo que hace. No me conoce, yo también puedo decir algunas verdades.
— Y no lo dudo. Creo que le vendrá bien probar un poco de su propia medicina. Yo lo quiero mucho y sería incapaz de encararlo. Se supone que la familia te protege y soy lo único que le queda. No puedo defraudarlo.
— Nunca podrías, eres el mejor — Al le beso la frente y marcho.
En tan poco tiempo aquel hombre se había convertido en alguien muy importante para Lindsey y sabe que el sentimiento es recíproco. Conoce de igual manera a su esposa, también una persona increíble. Siempre le dicen que es la hija que nunca tuvieron y ella los quiere como unos segundos padres.
Cuando se dirigía a su despacho miro a la oficina del presidente intentando mantener la calma, aquella cuenta sería sumamente difícil y tratar de no sentir por ese hombre algo más que repulsión sabiendo que será algo casi imposible.
Era muy tarde cuando termino su trabajo, no había notado el transcurrir del tiempo inmersa en papeles como estaba. Todos se marcharon ya, quizás no todos al ver luz en la oficina de Marcos. No se percató de lo que hacía hasta que su mano se apoyo en el pomo de la puerta. Tal vez no sería mala idea comunicarle que se marcha aunque duda que dar esa información fuese de interés para él. Cuidadosamente abrió la puerta para descubrir un hombre tirado sobre el sofá con un brazo tapándole el rostro. Al parecer no es la única agotada de tanto trabajo, por un segundo pensó irse, una fuerza superior a ella la detuvo impidiéndole moverse, es como si de sus pies hubiesen nacido raíces. Nada la detuvo al avanzar hacia el cuerpo que descansa a escasos metros frente a ella.
Quedó petrificada cuando se movió, el corazón le late acelerado poniéndose una mano en el pecho con miedo de que tal vez podría escucharse y despertarlo, pero no lo hizo simplemente se acomodó y siguió durmiendo. Ahora consigue verle la cara, en aquel estado de reposo se ve más apuesto, sus rasgos están relajados, así debería ser todo el tiempo, le favorecía, todavía no puede creer que exista alguien como él, en su vida había conocido un hombre tan condenadamente atractivo como Marcos Swan.
Mientras lo admira no se percató que había abierto los ojos, quedándose impresionado, por un instante pensó estar soñando, aquella mujer no dejaba su cabeza en ningún momento, se había apoderado de todos sus pensamientos. Cuando comprendió que está despierto se dedicó a estudiarla, se encuentra peligrosamente cerca, sus ojos verdes lo examinan con curiosidad con un brillo en ellos que Marcos no fue capaz de descifrar. Los segundos que estuvieron en trance parecieron años hasta que por fin Lindsey se percató de que estaba despierto, lo miró abriendo desmesuradamente los ojos y dando varios pasos hacia atrás se agarró de la puerta entreabierta lista para salir huyendo.
— Disculpe señor Swan, no pretendía despertarlo. Sólo venía a decirle que termine el trabajo y me voy a casa. No es que le interese saber, simplemente lo comentó, todos se han marchado y al parecer usted también debería, necesita descansar. Bueno, disculpe la molestia, hasta mañana — explicó rápidamente mientras salía de la oficina.
— Sí, claro — logró responder. A pesar de todo Lindsey logra desconcertarlo, posee algo que lo perturba. Él se considera un hombre enfocado, conoce sus prioridades, pero cuando ella está cerca el mundo se le vuelve patas arriba. Aquel viaje va a resultarle terriblemente peligroso.
El viaje hacia Italia se hizo muy largo, tanto en el trayecto en avión como luego en el barco hasta la isla seguido por el traslado en auto hacia el hotel. Ninguno pronuncio una palabra en todo el recorrido, el único sonido fue la radio del coche.
El hotel se encuentra frente al mar, un hermoso panorama para amantes. Es lo que menos necesita en aquel momento Lindsey, un ambiente preparado perfectamente para volverla completamente loca por su acompañante. Mientras Marcos conversa en la recepción con el dueño del local, Linds exploró el lugar.
— Síganme señores Swan, su suite está preparada. Se encuentra en la tercera planta con una hermosa vista del mar. Los atardeceres en la isla son perfectos, somos famosos por nuestros paisajes naturales — el botones no deja de hablar, Marcos casi protesta por el malentendido de los apellidos, increíble, cómo pueden creer que están casados.
La reservación estuvo a cargo de Al, tal vez se le olvido aclarar ese pequeño detalle. Aquello es cosa de su viejo tío siempre metiéndose en su vida amorosa, tratando de emparejarlo constantemente. Cómo piensa Al que ella es su tipo, está loca, hermosa, seguro, pero tiene sus problemas, además habla demasiado.
Sin darse cuenta ya están frente a la suite, perfecto, una suite matrimonial. Es raro que Lindsey no hubiese explotado aún por el error cometido, no la conoce, aunque está seguro que tampoco adora la idea de dormir juntos, en la misma habitación y la misma cama, casi se atraganta cuando vio la enorme cama en el centro de la habitación.
Dios mío, no puedo creerlo, como es que piensan que estoy casada con este hombre, es que no ven lo diferentes que somos, yo soy una persona y él, simplemente Marcos Swan, un hombre sin corazón.
Se quedó petrificada frente al lecho matrimonial pensando como pasaría una semana encerrada en aquel lugar con él. Los nervios la estremecen de pies a cabeza, ¿por qué?, lo odia, ¿o no? No es como si desease estar a solas con el hombre. Parece que Al pensaba lo contrario ya que planeo toda una aventura romántica, oh, cuando regrese ese hombre la va a oír.
El botones continuaba dialogando, “Madre mía, habla incluso más que ella”, pensó sonriendo Marcos, le es imposible creer que alguien tarde tanto tiempo en callarse.
— Espero que disfruten su estancia mientras dure, si necesitan cualquier cosa, solo deben llamar a la recepción y serán atendidos inmediatamente, buenas tardes.
Finalmente cuando quedaron solos el silencio los inundo. Ninguno sabe que decir, toda la situación es sumamente incómoda.
— Hoy no tendremos trabajo, converse con el señor Amitelli entendió que estábamos exhaustos por el viaje así que por hoy podemos disfrutar de las bellezas del hotel y sus paisajes, explorar y tal vez mañana tendremos algunas ideas luego de ver el lugar.
— Estoy de acuerdo, vamos a la playa me encantaría bañarme un rato para quitarme el polvo del camino, si te apetece.
— Claro, vamos.
Es lo último que necesita en estos momentos, ver a Lindsey en traje de baño, será una absoluta tortura.
El mar está tranquilo, es una tarde fresca, el sol pinta el agua de un apacible naranja. El olor a salitre le llena los pulmones; Lindsey siempre amó el océano, cuando pequeña sus padres la llevaban a la playa, pensaban que le saldrían escamas de lo que adoraba nadar y jugar en el agua.
Regresando al presente sintió a Marcos a sus espaldas, no volteo simplemente deposito su ropa sobre las chancletas y se dirigió al agua. Está fresca, le encanta el mar es tan apacible, podría vivir allí.
Marcos sentado a escasos metros del lugar donde descansan las ropas de Lindsey la observa nadar, se ve hermosa, como una sirena desapareciendo bajo el agua para reaparecer en un distante punto. Es buena nadadora, rápida sin dudas. Por un instante deseo unírsele, velozmente reprimió tal necesidad, prefiere descansar en allí, en la arena.
La visión de ella saliendo del agua parece mágica. El cálido reflejo del sol poniente brilla en su exuberante cuerpo. Marcos se quedó hipnotizado ante tanta belleza. Las gotas de agua ruedan por la piel dorada donde se refleja el tierno sol que va desapareciendo en el horizonte.
Lindsey lo miro y por un segundo pensó que la deseaba, tal vez estaba alucinando, creyó reconocer la pasión en sus ojos, esa que reconocía en los suyos, al mirarse al espejo cuando pensaba en él. Sin embargo, duro solamente eso, un instante. El hombre adoptó nuevamente su fría expresión, su lejana persona bloqueando cualquier emoción que tal vez lograse llegar a la superficie, Lindsey dudaba si en verdad tenía algún sentimiento.
En la habitación ella se sentía como un animal enjaulado, el lugar le parecía demasiado pequeño para los dos. Mientras se ducha intenta calmar sus nervios, la proximidad de Marcos es electrizante. Puede sentir su presencia incluso desde el otro lado de la pared. Por suerte está bajo el agua, la cual comenzaba a quemarla, de fría paso a fuego líquido, no sabía si era ella o tal vez se había descompuesto la ducha. Debe calmar sus deseos, lo mejor es mantenerse lo más alejada de su apuesto jefe.
Mientras, en la otra habitación Marcos se debate igualmente sus pensamientos, acostado en la cama con las manos bajo la cabeza y los ojos cerrados escucha atentamente el agua caer. Todos sus sentidos están al corriente de cada sonido que acontece al otro lado de la puerta que permanece cerrada. Cuando todo quedo en silencio se incorporó rápidamente y al abrirse la puerta, él ya esperaba impaciente.
Lindsey se sobresalto al tenerlo tan cerca, se aferró a la toalla que acariciaba su cuerpo desnudo. Sus manos la sostienen duramente con la imagen de la toalla en el suelo y ella desnuda frente aquel Adonis, ese retrato logró ponerla aún más nerviosa y excitada que cuando entró la primera vez al baño, al ver la disposición de Marcos para entrar en la habitación la detuvo conscientemente de escapar. Lo mejor es no pensar como sería tenerlo sobre ella, bajo ella, con sus manos recorriendo su cuerpo y besándola por todas partes, ya que tendría que volver corriendo para darse una ducha bien fría.
Casi sin darle tiempo a salir completamente él le detiene el paso para su huída, éste paso por su lado tan cerca que pudo sentir la respiración en su cuello. No puede moverse de lo nerviosa que se quedó con aquel encuentro, ni siquiera dejo de estarlo cuando escucho la puerta cerrarse tras ella. Durante unos segundos se mantuvo así, con la mano en el corazón aún aguantando la toalla, acalorada y sintiendo sus acelerados latidos. Despertando de su ensimismamiento se puso un pequeño short y una camiseta ubicándose cómodamente sobre la amplia cama pendiente de Marcos que permanecía en el cuarto de baño.
Cuando Marcos salió finalmente después de un muy largo y frío baño. Llevaba unos jeans azules y el torso desnudo, el cabello mojado está pegado a su frente, y algunos sobre sus ojos. Miró en dirección a la cama descubriendo a Lindsey que duerme apaciblemente.
Al despertar ya había oscurecido y se encontraba sola. Sintió una brisa fresca que proviene de la puerta que da al balcón, las finas cortinas ondean al compás del viento. Se imagino que Marcos no había descansado al ver su lado de la cama intacto. Se dirigió lentamente hacia la luz azulada de la luna que entra en pequeñas dosis por la puerta. Incluso a través de las telas casi transparentes alcanza divisar al hombre que mira a un punto distante en el oscuro mar. Él no tuvo necesidad de voltear para sentirla allí a sus espaldas, silenciosa. Finalmente se llenó de valor y dando la vuelta la contemplo a través del muro de colgaduras. Dio un paso avanzando hacia él, dejando atrás la protección de la habitación oscura. La luna la bañó con su luz, Marcos podía distinguir cada facción de su rostro, cada ondulación de su pequeño cuerpo.
— ¿Dormiste bien?
— Muy bien, gracias. El viaje me dejo exhausta. ¿Usted no descanso?
— No, no estoy cansado, además no deseaba incomodar tu sueño.
— Por mí no se preocupe, estoy acostumbrada a dormir acompañada, — tarde comprendió su error, a través de la expresión que mostraron los ojos de Marcos, Lindsey supo lo mal que sonó lo dicho en sus oídos. No supo por que tuvo la necesidad de corregirse. — Tengo tres hermanas, siempre hemos compartido habitación.
— Si deseas cenar, puedo ordenar algo para ti, yo cené hace apenas unos minutos.
— Claro, gracias.
Cuando volvieron a quedarse solos, Marcos regresó a la libertad del balcón dejándola disfrutar de su cena a solas. Lindsey se debatió si reunirse con él, o tal vez simplemente quedarse donde se halla, ganándole el deseo de estar a su lado, algo que la asusto, no sabe cuando sucedió eso, la necesidad de verlo para sentirse bien.
El cielo está hermoso, la luna aún los mira fijamente y estrellas salpican el amplio espacio. Ya avanzada la noche, el viento se volvió frío, haciendo temblar a Lindsey. Marcos percibió su temblor, lleva la cuenta, es la tercera vez que se estremece, acercándose a ella la envolvió en sus brazos.
Lindsey se estremeció nuevamente, esta vez no tiene nada que ver con el viento, el contacto es cálido, poderoso, poniéndola sumamente sensible, el roce de piel con piel está siendo demasiado para ella. Marcos no lo lleva mucho mejor, ahora piensa que fue una mala idea aquel caballeroso gesto. Linds tiene una piel tan suave, sentirla tan cerca comienza a afectar su cabeza.
La proximidad es intensa, aunque quisieran no lograrían separarse el uno del otro, se sienten atraídos como polos opuestos de un imán. Se miraron por lo que pareció una eternidad, el fuego en los ojos de Marcos es inconfundible, está sintiendo lo mismo que ella, nunca pensó que sucedería. Marcos miró detenidamente los labios de Lindsey, quien ante esa posibilidad se paso la lengua por ellos, acción que provocó la reacción final en él. No pudo detenerse cuando la beso, su boca es tibia, perfecta, suculenta.
Marcos sabía a vino, a deseo, simplemente a él. El beso se hizo más exigente, más ardoroso, mientras sus manos codiciosas recorrían el cuerpo esbelto, ese cuerpo que desde la tarde al verlo mojado moría por tocar. Envueltos en el beso entraron a la habitación llegando atropelladamente a la cama, en ningún momento detuvieron el beso.
La espalda de Lindsey toco la cama y fue cuando comprendió lo que va a suceder, el deseo es mayor a su cordura, ya no puede pensar en otra cosa que no sea en aquella boca que la besa o las manos que recorren su cuerpo y ahora juguetean con sus senos. Marcos está fascinado por Lindsey, adora cada curva de su cuerpo, cada roce, cada beso y su entrega total sin inhibiciones. Cuando Lindsey puso sus manos sobre sus jeans intentando sentirlo completamente sobre ella, comenzando a frustrarse por la tarea poco productiva que llevaba, Marcos quedó paralizado, sabe lo que significa si da el siguiente paso.
Saltó de la cama dejando a Lindsey desorientada y excitada, demasiado excitada, para su desgracia, al ver la convicción en el rostro oscurecido de Marcos. Él intenta controlar su respiración a la vez que su deseo, nunca se había sentido tan atraído por una mujer, y aquella pensaba volverlo loco, se coloco nuevamente el pantalón subiendo el cierre y saliendo casi corriendo hacia el balcón, tal vez un poco de aire le vendría bien para bajar los humos.
Lindsey está avergonzada, aún no comprende lo que acaba de pasar, tiene deseos de llorar, de gritar, de golpear su musculoso pecho. Se acurruco en la cama haciéndose un ovillo, después de varios minutos intentando no pensar se quedó dormida.
Marcos estuvo dos horas mirando a la lejanía.
“¿Por qué me detuve? ¿Por qué la bese?”
Simplemente no encuentra una respuesta. Nunca se descontrola de esa manera. Nadie había logrado sacarlo de su zona de confort, pero la mujer que duerme a escasos metros de distancia es diferente, no tiene idea de por qué, sin embargo desea mantenerse a su lado y conocerla completamente.
Entonces, si tanto la deseo, ¿por qué me detuve?”, claramente ella lo deseaba, que lo detuvo de complacerlos a ambos. Posee demasiados prejuicios, no confía en las mujeres, en ninguna. Las mujeres traen complicaciones, complicaciones que no desea tener.
Nunca conoció una mujer como ella, y nunca había sentido un deseo tan salvaje, tan posesivo como cuando está con ella. No puede simplemente acostarse con Lindsey, no es correcto y luego desecharla, le importa demasiado para destrozarla. Lo peor es que le importa, antes nunca se interesaría en los sentimientos de otra persona, ni siquiera en los suyos propios. Sería tan fácil enamorarse de ella y debe evitarlo por todos los medios. Terminó cansado de tanto pensar volviendo nuevamente al interior de la habitación.
Sintió una opresión en el pecho al recordar la desilusión y desconcierto luego de aquel terrible momento, al menos para él o intentaba creerlo así. Es un miserable, lo sabe, sin embargo es preferible a lastimarla, y conociéndose lo haría. Por un momento deseo volver afuera, o dormir en el sofá, luego de pensarlo bien, se recostó a su lado, ella no lo sentiría, duerme plácidamente.
La luz solar entra por las puertas que aún permanecen abiertas. Lindsey arrugo la nariz y se tapo los ojos intentando evitar la claridad que le anuncia la mañana. Se removió quedando frente a Marcos, el asombro de encontrarse tan cerca la dejo inmóvil, duerme, por lo cual pudo estudiarlo abiertamente. Su respiración es pausada, tranquila, mirándolo así parece un hombre normal, no el déspota, el miserable hombre que es. Aunque está herida no puede dejar de admirarlo, un hombre que en apariencia parece perfecto.
Su mirada se entristeció al recordar los sucesos de la noche anterior, la vergüenza que sintió, la había rechazado sin ninguna razón aparente, aunque es Marcos Swan, puede hacer lo que le plazca, niño arrogante. Se siente dolida por su conducta, había anhelado que le hiciese el amor, toda la noche, salvajemente, nunca había deseado tanto a un hombre como a aquel que duerme a su lado. Se odia por ser tan débil, tal vez si él no se hubiese detenido, hubiera tenido sexo con él y lo hubiese disfrutado, mucho. Quizás no se arrepentiría tanto como por el hecho de no haber pasado, ya nunca lo sabría, vio la determinación en sus ojos, no volvería a acercarse lo suficiente ni para intentarlo. El muro que había estado protegiéndolo se erigió nuevamente y esta vez más fortificado que antes. Lo más importante es proteger su corazón o acabaría enamorándose de aquel multimillonario.
Lindsey no se percató que Marcos abría los ojos. Ella lo mira intensamente, aunque está inmersa en sus pensamientos. Es hermosa, sus atractivos ojos verdes, tan claros, como el fondo de un cristalino lago, le recuerdan las ninfas, protectoras de los bosques, con su cabello rojo. Una visión maravillosa, si solamente no lo hubiese arruinado todo con ella, tal metedura de pata destruyo cualquier chance que pudiera haber tenido con ella.
Supo el instante en el cual regresó a la realidad, la tristeza inunda su mirada, ciertamente está pensando lo mismo que él, la noche anterior.
— Buenos días.
— Buenos días, espero que hayas descansado — Marcos le sonrió, Lindsey no tiene la fuerza suficiente para devolverle la sonrisa.
— Sí, gracias ¿y usted? — Marcos sintió la frialdad en su voz.
— Bien, gracias, voy a ducharme, con permiso  — expresó dirigiéndose en dirección al baño. Se detuvo bruscamente, no sabe porque, pero tuvo una necesidad imperiosa de demostrarle que en verdad le interesa. Se volvió hacia la cama, se inclinó sobre Linds dándole un tierno beso, casi imperceptible.
Lindsey no puede salir de su asombro, la había tomado por sorpresa, está acostada todavía cuando escucho cerrarse la puerta del baño, solamente aquel ruido la saco del ensimismamiento, no lo cree posible, realmente la había vuelto a besar, ¿luego de lo de anoche?
Marcos no sabe porque lo había hecho, sintió la necesidad de volver a probar sus cálidos labios. Pudo ver la confusión en sus ojos, pero también un brillo especial, al parecer no lo odiaba tanto como había dado a entender.
El día transcurrió plácidamente trabajando en el proyecto, no tuvieron casi tiempo para pensar en lo sucedido. Exhaustos regresaron a la habitación decidiendo volver a disfrutar de la playa. Las tardes eran el mejor horario para deleitarse del mar, el océano se ve apacible.
Los tonos dorados del sol descendente pintan la masa de agua interminable, es un espectáculo maravilloso para los ojos. En esta ocasión Lindsey decidió descansar en la arena y Marcos se sumergió en las aguas del mar Tirreno, en el archipiélago Toscano. La joven no aparta los ojos del hombre perfecto que nada de un lugar a otro, no puede hacerlo aunque en ello le valiese la vida. Él siente su mirada, y para su asombro le encanta. Cuando decidió salir vio la reacción en ella, está ensimismada, admirándolo. No entiende el por qué pero que Lindsey lo miré de aquella exquisita manera, lo excita sobremanera.
Ya en la habitación Marcos no aguantó más, ella está allí justo frente a él, la sujeto del brazo y la hizo voltearse. Lindsey se sorprendió al sentir el contacto cálido de su mano, había esperado que diese el primer paso desde el beso inocente de la mañana y esta vez no lo dejaría detenerse, aunque Marcos no piensa hacerlo, ya no.
La semana pasó divinamente, son excelentes compañeros en el trabajo y en la cama. Parecen recién casados, no pueden estar mucho tiempo con las manos alejadas el uno del otro. Marcos nunca había disfrutado tanto la compañía femenina, Lindsey es perfecta, atenta, cariñosa y honesta. Siempre tiene una opinión para todo. Una excelente compañera, con ideas inteligentes. El señor Amatelli la adora, ¿quién no lo haría? Marcos comenzaba a hacerlo también.
El trabajo está terminado, regresan a la realidad y Lindsey sabe que en la realidad su relación no es posible. Había conocido al verdadero Marcos, él que está debajo de toda la prepotencia, arrogancia que muestra a las personas a su alrededor, ese hombre no le gusta, sino él que conoció en la hermosa isla toscana.
El hombre cariñoso, agradable, sumamente inteligente, gracioso. Adoró pasar el tiempo a su lado, nunca imagino que podría disfrutar tanto de su compañía. Por fuera parece frío y distante, cuando en realidad es todo lo contrario. Al pensar en separarse de él le duele el corazón, ocurrió lo que desde un principio intento evitar, está enamorada de su jefe.
— Te ves bien, parece que el océano te sentó de maravillas — dijo Al sonriente a su sobrino.
— Me siento genial, gracias. Fue una semana excelente, profesionalmente hablando, claro — respondió a su tío con la misma ironía, no pudo evitar observar hacia donde se halla Lindsey.
— Sí, me he dado cuenta — señaló Al siguiendo el mismo trayecto de su mirada — Entonces, ¿ha funcionado?
— ¿Qué? — preguntó distraído Marcos.
— El viaje, de nada.
— Sobre eso, tenemos que hablar, pero será después, ahora tengo que terminar el proyecto del hotel Anatoli, el final del plazo se vence dentro de unos días.
— Claro, te dejo, de todos modos me alegro por ambos, espero que no lo estropees — Marcos se despidió de su tío, sus últimas palabras aún resonando en sus oídos, ¿qué intenta decirle?
Las semanas fueron pasando, se encontraban cuando tenían oportunidad. A veces se quedaban en casa de Lindsey otras tantas en la casa de Marcos. Sin embargo, poco a poco su relación fue menguando, viéndose cada vez menos. Sin darse cuenta, Marcos la fue alejando de sí, se siente unido a ella a niveles cada vez más profundos y conoce la sensación de vacío cuando alguien que te importa desaparece de tu vida. Nunca ha podido desprenderse del miedo que habita en su interior al pensar que en cualquier momento puede perder a Al o Alex, las personas más importantes en su vida, ahora sumando a Lindsey como una más. El método más eficiente es cortar toda relación antes de que le importe demasiado. Por desgracia, ya es muy tarde, para los dos.
Lindsey lo notó, la está apartando de su lado y lo peor es que no está segura de poder evitarlo. Si él intenta con tantas fuerzas mandarla lejos, que así sea, aunque la decisión le destrozara el corazón. Todo paso así, simplemente un día no volvió a su casa, cuando habían quedado expresamente para salir a cenar y fue en ese momento que lo supo, había acabado.
Lo más difícil era encontrárselo en el trabajo, donde es solamente otra empleada, como si nunca hubiese pasado nada entre ellos, el corazón se le parte cada vez que la ignora, que la mira y no muestra ningún sentimiento.
Cuando Lindsey cree que no puede lastimarla más, allí va Marcos probándole que se equivoca. Nunca había sentido más dolor que ahora, tampoco comprende como su corazón sigue destrozándose. No podría haberse equivocado más con Marcos, su primera impresión era justamente la verdad, un hombre frío sin corazón, lo único que ama es su trabajo, pues puede quedarse con él, Lindsey no necesita verlo cada día y recordar lo sucedido entre ellos, no así, lo ama demasiado para sufrir por su causa.
— ¿Qué le has hecho? — entró en su despacho su tío hecho una fiera.
— ¿Qué? — levantó la mirada de la computadora intentando comprender las palabras de Al.
— Te lo vuelvo a preguntar, ¿qué le hiciste a Linds? — miró el rostro desconcertado de su sobrino y supo que no está al corriente de los últimos sucesos. — Hoy ha venido a despedirse, ha renunciado, se ha ido, ¿por qué?
Marcos no logra organizar las palabras pronunciadas por Al. Sintió un golpe bajo en el estómago. ¿Se ha ido? Realmente lo había dejado, al final tenía razón. Entonces, ¿por qué le duele tanto? Es lo que había necesitado prevenir y allí está oyendo la peor noticia de su vida, dándose cuenta que no funcionó, la ama, y no desea otra cosa, solo que vuelva a él, pero tal vez es tarde, el daño está hecho.
— No lo sé, yo…
— No tuviste las suficientes pelotas para decirle que la amas e hiciste lo que mejor sabes, esconderte, pero es tarde, la quieres y lo peor es que Linds también te ama. Estabas tan empeñado en alejarla que no te diste cuenta y ahora le has roto el corazón, eres un idiota y lo sabes — es la primera vez que su tío le habla tan crudamente, lo peor es que tiene toda la razón, es demasiado tarde.
Está desolado, desconcertado, ciertamente. Lindsey lo ama, aquello le alegró más de lo que alguna vez espero.
— Entonces ahora que lo sabes, ¿qué piensas hacer? Por qué algo vas a hacer, ¿no? — Esa es una muy buena pregunta.
Hace dos meses que se marchó de Publicidades Enrol. No había tenido noticias de Marcos, ni llamadas telefónicas, emails, mensajes de humo, nada. Dos o tres veces a la semana visitaba a Al, todas las conversaciones evitaban el tema “Marcos”. Al notaba lo destruida que se encontraba, lo mucho que sufría por el cabezota de su sobrino, varias veces intentó que entrara en razón y la buscara, hasta ahora no había tenido suerte.
Uno de los fines de semana que visitaba a Al, se llevó una inmensa sorpresa. Gema no conocía toda la historia e invitó a Marcos para que almorzase con ellos. Cuando Lindsey lo vio se quedó congelada. El fuego que existía entre ambos está vivo aún, aunque habían pasado varias semanas desde la última vez que se vieron Linds tiene vivos los recuerdos de cada encuentro grabado en su memoria y en su piel. Se ve tan guapo, incluso más de lo que recuerda, y Dios, lo seguía amando tanto que le es casi insostenible respirar.
Él no puede creer lo que ven sus ojos, a escasos metros de su persona está la mujer que ocupa todos sus sueños, sus pensamientos, todo su tiempo, le es imposible pensar claramente en cualquier otra cosa. Está hermosa con un sencillo vestido de flores rojas y azules, lleva su cabello suelto y sus grandes ojos brillantes, oh, como había extrañado esos ojos y su sonrisa, aunque ahora que la mira detenidamente se encuentra sumamente seria y pálida, parece enferma. Antes de darse cuenta ya está a su lado, a tiempo para cogerla cuando Lindsey se desmayó. Su corazón está a mil. Le preocupa que esté enferma, notando las ojeras bajo sus preciosos ojos y una palidez preocupante. Corrió lo más rápido que pudo para llevarla al hospital.
Ya en el hospital espero junto a sus tíos noticias de su Lindsey. Ahora que la había visto está seguro que no la dejará escapar, aunque tuviera que secuestrarla hasta que ella lo amase nuevamente, no piensa separarse de su lado, los últimos dos meses sin ella fueron un infierno. Cuando finalmente salió el doctor pudo reunirse con ella. Quien recostada en una cama lo mira con tristes ojos.
— ¿Cómo se encuentra, doctor? — Su mejor amigo lo mira preocupado, nunca lo había visto tan deshecho.
— Algo cansada, pero por lo demás muy bien — le apartó un poco, diciéndole más bajo — Marcos, ¿qué sucede? Te noto mal, no estarás tú también enfermo, porque no puedo con dos pacientes tontos y enamorados — Marcos lo miró entrecerrando los ojos, luego miro a su tío y lo supo todo.
— ¿En serio? Te lo dijo, esto era entre nosotros dos, nadie más debía saberlo.
— Oye, yo no soy nadie, soy tu mejor amigo, además si no me lo hubiese dicho, me habría dado cuenta solito, disculpa amigo pero estás hecho una mierda. ¿Tanto la amas? — Marcos asintió lentamente. — Entonces, ¿qué demonios haces separado de ella? Tengo que darte un golpe en la cabeza para que reacciones. Tal vez tenga algo mejor.
Ante la mirada interrogante de Marcos se acercó a la paciente que los observa confusa.
— Señorita Mason, soy el doctor Alexander Brendon, el mejor amigo de este cabezota. En cuanto a su salud, solo está agotada, necesita reposo y comer saludable para mantener a su bebé en buen estado.
Los ojos de Marcos se abrieron desmesuradamente ante la noticia, al igual que Lindsey, quien no tenía idea de su condición.
— Solamente tiene 9 semanas, pero debe cuidarse, como es primeriza es necesario que se cuide, ah y que meta en cintura al idiota de mi amigo.
Luego de un tiempo de felicitaciones por parte de Al y Gema los dejaron solos. Marcos se acercó a la cama y se arrodillo a su lado. Sus ojos están llenos de lágrimas listas para salir, Lindsey se lleno de emoción al ver el rostro de su amado.
— Discúlpame, en realidad lo siento, pero no deseaba correr más riesgos de amar a una persona y luego perderla. Me es más fácil ser el distante Marcos Swan. Pero me venciste, eres la mujer más asombrosa que he conocido. Y te ame desde aquella noche a la luz de la luna. Espero que puedas perdonarme y dejarme estar a tu lado y al lado de nuestro bebé.
Lindsey no puede hablar por las lágrimas, la alegría la inunda. Al fin lo tiene frente a ella, piensa que es un sueño, un bello sueño.
— Te amo, Marcos Swan.

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