George




Por las sombras, silencioso, se mueve rápidamente un amigo de los niños, aunque muy pocos lo hayan visto realmente. Es pequeño, peludo y le encanta el queso. Su pelo es esponjoso y de un color café. De ojos grandes negros que brillan en la oscuridad. De hocico alargado y nariz húmeda. Y grandes dientes frontales. Lleva colgado del hombro una bolsita roja de la cuál saca pequeñas monedas de oro, quienes mágicamente al ser colocadas bajo la almohada, donde pertenecen, adquieren el tamaño de una moneda real.
Sí, hablo del ratoncito de los dientes. Soy una de las pocas niñas que lo han visto. Hace dos días se me cayó mi primer diente de leche, uno de los delanteros, dejando un vacío en mi sonrisa. Estuve triste por ello un día, hasta que mi mami me contó sobre el ratoncito. Dice que recoge los dientes de los niños buenos y les deja a cambio dinero por portarse bien. Yo le pregunté si vendría por el mío y me contestó que sí, que si fui una buena niña vendrá por mi diente. Y si soy una buena niña. Me porto bien en la escuela. Tengo buenos modales. Cuido de los animalitos heridos. Y quiero mucho a mis papás.
Lo esperé la primera noche, pero no apareció. Estuve desanimada, sin embargo, la segunda noche sí vino. Se presentó cuando estaba casi dormida por lo que no lo vi muy bien, solo un segundo, era un ratoncito rápido. Y cuando mire debajo de la almohada encontré mi moneda de oro y una notita:
Después vendré por los otros dientes, si prometes portarte bien.
                                                                       El ratoncito de los dientes. George.




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