Poder Divino






Los automóviles pasan rápidamente por su lado a lo largo de la amplia carretera. Las luces proyectan su sombra en la oscura acera mientras avanza sin saber a dónde ir, sin tener en cuenta el tiempo que camina sin un rumbo fijo. Hace horas que se le han acabado las lágrimas, ahora solo le irritan los ojos.
El recuerdo nítido de la traición aún le quema la mirada. Carlos desnudo sobre una maldita rubia, también desnuda, en una posición demasiado vergonzosa. Ciertamente no había manera de haber podido explicar la situación, sin embargo el imbécil lo intentó. ¿De verdad pensó que se tragaría sus excusas?, así, tan sencillo.
Roxana nunca fue del tipo de mujer de hacer un escándalo, tampoco se iría tranquilamente dejando a los desgraciados que terminasen lo que fuera que estuvieran haciendo.
El estrepitoso ruido de su pelea se escuchó en todo el edificio. Su vecina Lola corrió a apoyarla, no obstante, no hizo falta, después de romper varias estatuillas y jarrones, todos, regalos de Carlos, se marchó.
Desde entonces se halla en la calle, simplemente tratando de olvidar, de arrancar las imágenes de su cabeza. Aquel miserable le había propuesto matrimonio dos días antes del suceso, será maric… Bueno, tal vez no, según los últimos acontecimientos.
¿Cómo podía pedirle que se casara con él y luego hacerle eso? Ahora comprende lo que le señalaba su madre sobre los hombres: “Úsalos y bótalos. Es mejor tener un perro. Son más fieles y mueren pronto.”
Cuando regreso, la casa estaba en total silencio, el armario revuelto y los lugares donde antes descansaba la ropa de Carlos, vacíos. Entonces advirtió lo que había ocurrido, las lágrimas renacieron convirtiéndola en un ovillo sobre la amplia cama.
Nota mental: Quemar las sábanas y todo lo que alguna vez fuese tocado por Carlos.
Si bien se halla destrozada, el cansancio logró vencerla, antes de darse cuenta se quedó profundamente dormida.
Allí, en sus sueños, se encuentra en paz consigo misma. Está en su antigua casa, cuando sus padres aún vivían, tiempos en los qué aún recordaba lo que era ser feliz. Ahora nota lo mucho que los extraña, el vacío que siente en su pecho. Aun así, siente un profundo alivio de que no estuviesen allí para verla destrozada por un hombre que no lo merece.
Oyó un ruido en la segunda planta en su antigua habitación. Si es un sueño, entonces, ¿por qué tiene tanto miedo? Si acaso no le gusta, sencillamente puede despertarse. Abrió suavemente la puerta intentando no anunciar al intruso de su presencia, al abrirla se llevó una grata sorpresa.
Un apuesto desconocido la mira intensamente. Es hermoso, de profundos ojos azules,  cabellos rubios brillantes que caen libremente sobre sus hombros, de un musculoso y apetecible cuerpo. Todo un espécimen, a Roxana le comenzaba a gustar aquel sueño. El hombre se aproximó a ella, colocándole una mano en su hombro le sonrió. Le proyecta tanto sosiego que olvidó por completo todo el dolor de la traición.
Un mar de sensaciones comenzaron a aflorar en su interior, la mano masculina le transmite una poderosa descarga eléctrica que recorre cada terminación nerviosa de su cuerpo. Antes de darse cuenta el desconocido se halla a un suspiro de distancia. Sus labios rozan los suyos, siente su respiración entrecortada, el corazón le late alocadamente. Ha comenzado a sentir cosas que no había experimentado antes y esas emociones la asustan. Finalmente la besó, -no se dio cuenta que había estado aguantando la respiración a la espera-, mandando una fuerte sacudida a todo su cuerpo.
El hombre sin dejar de besarla la transportó hasta la cama. Roxana sintió el suave colchón en su espalda abriendo los ojos de golpe, ¿por qué está tan nerviosa? Tal vez fuese un sueño, sin embargo para ella se siente extremadamente real, tanto que da miedo. Le gustan las sensaciones que despierta el desconocido en su cuerpo, con un simple roce estimula cada tramo de piel a su paso.
Apreció las manos que sujetan fuertemente su cintura, mientras poco a poco recorren el camino hacia sus pechos. La ropa desapareció rápidamente. Sinceramente el hombre está bien provisto, todo él es perfección, sus músculos parecen cincelados, hechos a medida para su cuerpo.
Roxana quiso saciar su curiosidad recorriendo con manos ávidas cada fracción de piel que tuvo a su alcance. Se volvió osada participando activamente en los juegos sexuales. En toda su vida había alcanzado un clímax tan glorioso, no recuerda haber compartido con un amante tan experimentado. El Adonis la llevó una y otra vez al cielo, -a falta de un término mejor-, si en verdad existe, fue increíble, realmente glorioso.
Agotada ante tanto ejercicio se quedó dormida entre sus fuertes y cálidos brazos. Se siente protegida a su lado, había pasado horas sin pensar en el suceso, es feliz nuevamente, todavía recuerda cómo se siente, espera seguir siéndolo y todo gracias al apuesto desconocido.
La luz matinal se filtra entre las ventanas de su habitación cayendo perpendicularmente sobre su rostro arrugando los ojos ante aquella invasión, fue abriéndolos de a poco intentando descubrir dónde se encuentra dándose cuenta que se halla en su casa, dónde todo había cambiado.
Indudablemente fue un sueño, un maravilloso sueño. Notó que lo extraña, el misterioso hombre le había ayudado a sanar sus heridas. Ahora está segura que conseguiría seguir adelante. Le estaría siempre agradecida a aquel atractivo desconocido.
Desde las lejanas nubes, en las puertas del Paraíso, el ángel observa a Roxana. Aprecia su serenidad, su paz interior, su gratitud, aunque nunca lograse comprender lo sucedido la noche anterior. Ella cree haberlo soñado, por otra parte, él está seguro de lo real que fue y nunca lograría olvidarlo. Eternamente velaría por Roxana, por la humana de la cual se había enamorado.

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