Engáñame






Soy rubia, de ojos azules, tengo treinta años. Soy voluptuosa. Me encanta acampar al aire libre. Ejercito a diario. Trabajo en una escuela primaria como profesora. Adoro los niños. Hago trabajo de voluntaria en hospitales, orfanatos y asilos. Me encanta ayudar a los demás.
Leía por última vez el anuncio antes de darle al botón de enviar. Se ve bastante bien, no está tan lejos de la verdad. En realidad, tiene treinta años.
Frente a la pantalla del computador, una mujer desaliñada, gigante, que apenas cabe en el asiento mira su perfil sonriente. En su vida había trabajado de voluntaria y nunca se acercaba a más de cinco metros de cualquier niño. Es simplemente una bibliotecaria de treinta años que odia su existencia.
Un clic llamó su atención nuevamente a la pantalla. Había recibido una respuesta:
Soy trigueño, de ojos verdes, tengo treinta y seis años. Mis antiguas novias me consideran atractivo y musculoso, gracias al ejercicio, visito a diario el gimnasio. También me encanta acampar y además hago alpinismo. Soy doctor, por lo cual igualmente ayudo a las personas.
Iba a tener suerte, un tipazo así acaba de responderle y no hace ni diez minutos que había subido su perfil, claro, nunca lo conocerá, será una relación platónica, como todas en su vida. La foto es increíble, aquel hombre está para comérselo y chuparse los dedos. Ella puso una foto de cuando tenía quince años y aún se distinguían sus curvas. Bueno, al menos es ella, otra cosa en la cual no había mentido, no del todo.
Luego de varias semanas quedaron para conocerse. Ella no tiene ninguna intención de dejarse ver por el apuesto doctor. Por lo tanto lo cito a su trabajo, diciendo que odiaba los lugares ruidosos y que no toleraba el alcohol, en realidad, aquello también era cierto.
Habían llegado a conocerse muy bien, si no fuese por el problema de la figura, tal vez hubiera tenido una oportunidad, porque en realidad le gustaba. Es el primer hombre con quién se siente ella misma, bueno, con la excepción de haberle mentido en algunos simples detalles.
La mujer espero por el encantador doctor mientras trabaja. Desde su puesto tiene una vista perfectamente clara de la entrada de la biblioteca, nunca apareció. Entraron un niño con su madre, un hombre algo pasado de peso y una anciana, sin embargo, no su atractivo doctor. Al parecer no desea conocerla tanto como había dado a entender, lástima, de todas formas no hubieran tenido futuro, fue muy lindo soñar.
— Hola, puedo llevarme este libro, me encanta Julio Verne y aún no había encontrado “Ante la bandera”.
— Sí, claro, firme la salida del libro, debe devolverlo a las cuarenta y ocho horas de haberlo pedido.
— Gracias, soy George.
— De nada, soy Nancy.
Han pasado dos meses desde la última vez que hablo, o mejor dicho, que chateo con el doctor. Ya no lo extraña. Ahora sale con George. Un chico real que la acepta como es y son felices. Aunque ninguno logré adivinar cuánto se llegaron a engañar para conocerse.


Comentarios

  1. Muy bueno. Mi felicitación. La prueba real de que a veces el fin sí justifica los medios. Mi más sincera felicitación

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    1. Muchas gracias. Me alegra que te haya gustado.

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